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miércoles, 25 de marzo de 2026

YUGOSLAVIJA

No soy capaz por mucho que lo intento de encontrarle significado a las guerras yugoslavas. No puedo entender que produjo aquellas masacres y limpiezas étnicas con fosas de más de 8000 personas en Srebenica, por poner un ejemplo.

La Yugoslavia socialista se caracterizó por ofrecer una margen de libertades mucho más amplio que el resto de los países del bloque comunista. Y tuvo sus disidencias en un primer momento aceptadas y luego condenadas, como el interesante grupo PRAXIS que editaba una revista del mismo nombre y que con su marxismo crítico humanista influido por la Nueva izquierda labró lo que serían sus propias protestas de mayo del 68 con ocupaciones de facultades en Zagreb o Belgrado.

Estos profesores y sus alumnos serían los que liderarían la oposición al ultranacionalismo del serbio Milosevic y el croata Tudman en los 90. Porque hubo oposición.

En los años 80 Yugoslavia vivió una explosión cultural y creativa mientras se desintegraba el estado. El punk y la nueva ola estallaron como nunca entre los jóvenes. El punk en Yugoslavia fue una cosa masiva. Bandas como los croatas Paraf o los serbios Panktri llenaban salas, la gente tenía ganas de romper con todo y de liberarse pero no sabían lo que se les venía encima. Se trataba de un movimiento musical contestatario que combinaba crítica social y política autóctona y a las autoridades comunistas no les importaba demasiado mientras se entraba en una crisis económica sin precedentes.

Fueron mayoritariamente los serbios los que empezaron a romper el juego según se desprende del libro La desintegración de Yugoslavia de Carlos Taibo. Los tonos agresivos, el nacionalismo militarista y la diferenciación étnica fueron una trampa finalmente para todos los pueblos de Yugoslavia, sobretodo para los bosnios.

Hubo resistencias, claro, como cuando los punks eslovenos junto a multitud de colectivos antimilitaristas ocuparon el cuartel abandonado por el todavía ejercito yugoslavo en Liubiana a principios de los 90. Se llamó Metelkova y es todavía un barrio okupado con multitud de actividades.

Pero en otros lugares como Belgrado o Zagreb el discurso ultra-nacionalista empezó a permear en mucha gente. Y ahí comenzó la debacle...¿Cuantos punks se unieron al ejercito? ¿Cuanta gente que bailaba pogo al son de Idoli, Pekinska patka o Elektricni Orgazam empuñaron las armas y mataron a otros como ellos?


Lo peor es que parece que no se ha aprendido nada.

Hace poco estuve en el museo de historia de Belgrado y es un conjunto de mitos medievales nacionalistas donde ha desaparecido por completo la época de Tito. Todo lo contrario que el Museo de historia de Sarajevo donde la cuestión del asedio era central. Sarajevo vivió asediada 4 años por serbios y croatas, con los tristemente famosos francotiradores en la Avenida del Mariscal Tito y con el fantasma de la limpieza étnica en sus alrededores.

No soy capaz por mucho que lo intento de encontrar un porqué a esta locura, a que de repente se maten entre jóvenes que antes bailaban juntos. Precisamente cuando las diferencias culturales solo eran una anécdota en la multi-cultural Yugoslavia socialista.

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